Biblioteca Salvador García Aguilar, Molina de Segura

martes, 19 de mayo de 2015

El sueño de Tántalo de Antonio Parra Sanz



De Tántalo a Midas
   
   Para el profesor y crítico literario José Belmonte, "El cuento que da título a la obra, El sueño de Tántalo, justifica, en sí mismo, la publicación de la misma y el consiguiente gozo del lector. Pero no conviene dejar atrás otros relatos como, por ejemplo, el titulado Delicatessen, con el que se recupera cierto sabor de antaño, mezclando, en sabias dosis, el humor, la ironía y, sobre todo, esa chispa que nos mantiene expectantes. Sin que falte un lenguaje rico a pesar de la sencillez. Aunque Antonio Parra aún es un escritor que tiene mucho que aportar a la literatura, ya nos dio un grato primer aviso, en el terreno del cuento, con su libro Desencuentros".
   El Sueño de Tántalo (
Tres Fronteras, 2008) se compone de cuatro relatos. Antonio Parra nos despliega al principio unos sentimientos que aparecen dislumbrados tras unas cortinas, en el siguiente relato toca el tema mitológico con un Ícaro tragafuegos, luego nos invita a cenar y por último, nos dibuja a un Tántalo que sueña con asados y néctares, dispuestos en una gran mesa preparada sólo para él. Pero nunca los podrá alcanzar por mas que se esfuerce. Un pequeño placer condensado en 54 páginas.
   En la contraportada del libro el autor dice de si mismo:

"Soy madrileño emigrado a Cartagena gracias a una mujer extraordinaria, y hemos tenido un hijo que no le anda a la zaga. Además de escritor, soy lector voraz, profesor de

Literatura y crítico literario, y antes fui administrativo, camarero, elaborador de encuestas, a veces detective aficionado y hasta aprendiz de paparazzi, pero esa es otra historia. He escrito novelas, cuentos (algunos premiados por media España), artículos de opinión e incluso un guión de cine. Disfruto con las buenas películas, la literatura hispanoamericana, una copa de vino y un plato de jamón. Se me puede ver ante una taza de café con un buen amigo, ya sea humano o con páginas, y tengo el feo vicio de cometer crímenes, de momento sólo en mis obras. Nadie es perfecto"
  


   Antonio Parra Sanz (Madrid, 1965) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Compatibiliza su actividad literaria con su labor como articulista de varios medios de comunicación y su trabajo como profesor de Lengua y Literatura. También ha tocado el mundo cinematográfico, ya que es autor del guión Mala reputación. Parra es autor de las novelas: Ojos de fuego, Apocalipsis 17,1, y Acabo de matar a mi editor, y de los libros de relatos: Desencuentros, El sueño de Tántalo, y Polos opuestos; del ensayo Tres heridas y del volumen de artículos de opinión La linterna mágica. 
  

    El próximo 21 de mayo a las 20:00 horas este escritor cartagenero presenta en la Biblioteca Salvador García Aguilar de Molina de Segura su última novela La mano de Midas.
   Novela negra que gira entorno al asesinato del masajista Benjamín Blaya, que aparece muerto en su gimnasio asfixiado por la barra de las pesas con las que practicaba. Esta es la segunda novela de la saga del detective Sergio Gomes, cuyas aventuras comenzaron con Ojos de Fuego, historia que se desarrollaba en Madrid.
La mano de Midas ha sido editada por la editorial Amarante y está disponible en ebook y en libro impreso.
   Podemos seguir a Antonio Parra a través de su blog:

jueves, 7 de mayo de 2015

El armario de Abdou y otros relatos



En “El armario de Abdou”, que hoy comenta este club de lectura, hice una selección con los siete mejores cuentos (o con los menos malos) de los muchos que escribí entre los 22 y los 26 años, y en los que, como se podrá apreciar, hay una clara influencia de escritores como Manuel Rivas o Manuel Vicent, o de los cuentistas españoles de posguerra como Ignacio Aldecoa, Miguel Delibes o Jesús Fernández Santos, que siempre han sido algunos de mis autores favoritos de relato corto.
Esta primera experiencia editorial supuso para mí un gran aprendizaje como escritor. En primer lugar, descubrí que la literatura y el mundillo literario no son la misma cosa, y que a veces son incluso la contraria. También aprendí que la literatura no debería entenderse como una carrera orientada hacia el éxito social, ni tampoco hacia el triunfo económico, y que, por tanto, un libro sólo debería publicarse por razones estrictamente literarias, y siempre y cuando el autor, al escribirlo, se haya exigido el máximo a sí mismo (dos condiciones que a menudo se incumplen en nuestro más que saturado mundo editorial). Yo intento ser coherente con mis palabras y, desde la aparición de este librito, no he vuelto a publicar otro como autor, pese a que desde entonces estoy trabajando en una nueva colección de cuentos.
La publicación de “El armario de Abdou” también supuso para mí otra lección importante: la de no prestar demasiada atención a las modas literarias, que tanta influencia tienen en España. Y lo digo por una anécdota significativa: en el año 2009, cuando se publicó “El armario de Abdou”, los escritores de mi edad seguían la omnipresente moda de la llamada “Generación Nocilla”, que les incitaba a ambientar sus historias, deshumanizadas y escapistas, en lugares remotos de Estados Unidos o de Siberia, o a escribir poemas sobre fórmulas matemáticas o teorías físicas. En resumidas cuentas, estos autores huían de cualquier tema relacionado con nuestros problemas de la realidad más cercana.
Yo, más provinciano y menos moderno y cool que ellos, escribía, por ejemplo, sobre los inmigrantes africanos que rebuscaban en los cubos de basura de mi barrio, sobre un exfutbolista arruinado y olvidado, o sobre las obsesiones de un anciano viudo, solitario y triste, como podía ser mi vecino Juan. Tan sólo seis años después de publicarse el libro, resulta que el inmigrante soy yo, que los españoles somos los que buscamos entre las basuras de Londres, Berlín o Montpellier para amueblar nuestros apartamentos, y poca gente se acuerda ya de la “Generación Nocilla”.
Para no extenderme demasiado, añadiría una sola apreciación: “El armario de Abdou” constituye, modestamente, un intento de escritura literaria y lo que ello conlleva: importancia de la adjetivación y del lenguaje, de la ambientación y de los detalles, de la evolución psicológica de los personajes y de la trascendencia humana de la anécdota, es decir, los componentes de la narración tradicional que, con frecuencia, han sido relegados a un segundo plano por los autores de mi edad. No en vano, creo que el escritor, entre otras cosas, debe ser tanto un artesano del lenguaje como un testigo crítico del tiempo que le ha tocado vivir.
Muchas gracias por el tiempo dedicado a leer y comentar este humilde librito de cuentos. Me hubiese encantado poder estar con vosotros. Un saludo afectuoso,

GONZALO GÓMEZ MONTORO